miércoles, 3 de febrero de 2016

Ricos Placeres de Diamantes A 240 Kilómetros de Ciudad Bolívar


Ciudad Bolívar, 24.11.68 (Especial)
Ricos placeres de diamantes han sido localizados y están siendo explotados  de manera intensa al Sur de este Distrito, propiamente en el Río Parupa que desemboca sobre, la margen  izquierda del Caroní.
Centenares de -Mineros profe­sionales, obreros y agricultores desempleados emigran nacía la región en busca de fortuna. To­das las -noticias que vienen de Urimán, el pueblo más cercano a los placeres y en donde los aviones hacen escala, son gene­ralmente buenas.
Las noticias dicen que el minero que menos trabaja saca du­rante la semana cuatro mil bo­lívares en diamantes". Actual­mente se estima que hay unos tres mil mineros concentrados a lo largo de un kilómetro del le­cho del río horadando la tierra día tras día a fuerza de barra y palín. Hay socios de cuatro o seis mineros que en "un corte" de parcela de tierra de cuatro me­tros cuadrados autorizada por el guardaminas, han obtenido una producción de 40 y 50 mil bolí­vares.
Parupa queda entre Urimán y Canaima, a 240 kilómetros de es­ta ciudad trazando en el mapa una línea imaginariamente rec­ta. Para llegar hasta allá es su­mamente difícil y se logra ha­ciendo escala en Urimán por via aérea utilizando aparatos de cor­ta pista, generalmente avionetas
o aviones DC3.  Luego hay que navegar el Caroní y trasponer tres saltos y varios raudales. Esta operación tarda en curiara con motor fuera de borda unas cuatro horas.
La "bulla" del  diamante se ha extendido rápidamente por toda Guayana y de todas, partes del interior se mueve gente hacia la mina. Es sin duda algo excepcional por  este tiempo. No hay c.upo en los aviones. El fluir es constante de esta ciudad a Urimán y de aquí a Parupa. El aeropuerto local ofrece al visitan- te una apariencia distinta a la habitual. En vez de los consabidos turistas y de la gente bien vestida que viaja a Caracas u otras ciudades del país, se ven en los sillones, mesas del bar, comedor y pasillos a recios hombres y mujeres de trabajo, con camisas y faldas arremangadas, sombreros alones y una piel bien tostada, aguardando el próximo vuelo.
Aeropostal ha tenido que intensificar sus vuelos y montar un puente aéreo ininterrumpido entre Urimán y Ciudad Bolívar: sin embargo los mineros se quejan aguardando hasta cuatro días para conseguir cupo.
El movimiento minero de Parupa se parece mucho al que se originó en 1961 y 1962 en Caroní Abajo, a 80 kilómetros de esta ciudad. Las bombas de diamantes que entonces aparecieron en Río Claro, El Merey y Playa Blanca elevaron la producción diamantífera venezolana, durante esos dos años, en 310.669 quilates métricos, o sea, 62.133,8 kilogramos. La explotación diamantífera   en Guayana desde 1930 cuando Lucas Fernández Peña fundó a Santa elena de Uairén y comenzó a trabajar los placeres de diamantes de Paratepuy en las cercanías del río Surucún,  n esta zona fue donde Jaime Hudson (a) Barrabás, encontró una piedra del tamaño de un pera que luego resultó ser una diamante de 155 quilates y cuyo dinero malbarató en largas correrías de parranda y placer.  Barrabás, un negro magro con dentadura recargada de oro, vive ahora en Urimán vendiendo ron y mujeres  cuando se habla con él no quiere recordar los viejo tempos, pero afirma que no se arrepiente del uso que le dio al fruto de su hallazgo.  Guayana es la única región del país rica en diamantes, pero su producción no es tanta como para que Venezuela esté al lado de los grandes productores mundiales como la República del Congo,  república de Suráfrica, Rusia, Ghama, sierra Leona,  sur este de África, Angola, Liberia, Tanganica y Brasil. 
La producción mundial en 1963, por ejemplo, fue de 36.551 millones de quilates, a la que la República del Congo aportó 20.448 quilates, según estadística de la Mineral Yearbook Bureau of USA.  
Venezuela acusa, según estadísticas del Ministerio de Minas, un promedio aproximado de pro­ducción anual del orden de los 105 mil quilates métricos al año. La producción quila­tes en 1962 fue o ha sido la más alta de todos los tiempos.
La producción diamantífera venezolana durante el año pasa­do, según la Carta Semanal del 4 de mayo, fue de 69.629 quila­tes métricos, cantidad que, com­parada con la del año 1966 -que fue de 84.699 quilates- acusa una disminución absoluta de 15.070 quilates métricos, equiva­lente a un descenso relativo del 17,79 por ciento.
Este descenso notable del año pasado venía repitiéndose en el presente año. Pero es posible, en la opinión de la gente del me­dio minero, que la producción normal se restablezca en lo que falta de año con la notable pro­ducción que están arrojando los placeres del Río Parupa, en el Alto Caroní.
Compradores de diamantes que viajan constantemente de Cara­cas a esta ciudad, estiman la producción de Parupa en los dos últimos meses, superior a los 20 mil quilates métricos de diamantes tipos talla, industrial y bort, la que puede representar más de dos Millones, de- bolívares si se' toma en cuenta la superioridad del tipo talla en la producción al precio de Bs. 180 el quilate en el propio sitio de la mina. El tipo industrial se compra a Bs. 40.
A los compradores de diaman­tes, casi nunca les da tiempo ba­jar a los propios placeres dia­mantíferos. La más de las veces, al descender del avión o de la avioneta, encuentran a grupos de mineros con sus frascos llenos de gemas, aguardándolos bajo el cobertizo improvisado del aero­puerto. Aquí mismo liquidan la mercancía sin mucho temor por los asaltantes. Los mineros se conocen muy bien unos con otros y dentro de su espíritu aventurero despierta una gran confianzas.
La hostilidad de la selva, gripe, la fiebre, la fatiga, la dia­rrea y las picadas de la mosca verde, son los grandes enemigos 'de los mineros que hormiguean en las minas de Parupa. No hay vigilancia, no existe asistencia médica, pero el minero lo olvida y se aferra a la tierra en desa­fío perenne.
Juan Ruperto García y Trino Salazar, viejos mineros, nos trá,en abundantes noticias de cuanto °Lune en Parupa y al final han 'de concluir en que es muy bue­no aventurarse a buscar diaman­tes, pero que el diamante tam­bién tiene sus miserias, sus gran­des riesgos y penalidades y que a la postre los más serán los menos favorecidos en esta danza volcánica de los diamantes.

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